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Prevenir antes que lamentar: el plan de emergencia

Revista Gestión Práctica de Riesgos Laborales, Nº 35, Sección Artículos, 01 de Febrero de 2007
Publicado hace casi 8 años
 
Alejandro del Teso Herradón, Departamento de Prevención de Grupo Seguriber
 

Etiquetas: Sistema de gestión en prevención de riesgos laborales, Plan de emergencia

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Es el bote salvavidas que cuelga en la cubierta del barco y, si la ocasión lo requiere, será fundamental para salvar la vida de la tripulación y el pasaje. El plan de emergencia es un protocolo de actuación imprescindible para salvaguardar la integridad de los ocupantes de cualquier edificio o instalación.

Dentro del concepto de seguridad integrada, hay razones que justifican la necesidad de contemplar el plan de emergencia como un factor imprescindible dentro de la gestión del riesgo. No obstante, existen también disposiciones oficiales que fomentan que las empresas adopten este sistema como medio de mejorar sus condiciones de seguridad y otras que obligan, en determinados casos, a su puesta en práctica.

Las referencias a los planes de emergencia se encuentran difundidas en multitud de normas, tanto estatales, como autonómicas. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL) 31/1995 insta a los empresarios a que adopten cuantas medidas sean necesarias para evitar, en los lugares de trabajo, riesgos que pongan en peligro la vida y la integridad física o mental de los trabajadores.

También establece una serie de obligaciones dirigidas a proteger a las personas que se encuentren en el entorno laboral, sean o no trabajadores, ante la posibilidad de que se presente una situación de emergencia.

En el artículo 20 de la LPRL se indica textualmente: “El empresario, teniendo en cuenta el tamaño y la actividad de la empresa, así como la posible presencia de personas ajenas a la misma, deberá analizar las posibles situaciones de emergencia y adoptar las medidas necesarias en materia de primeros auxilios, lucha contra incendios y evacuación de los trabajadores, designando para ello al personal encargado de poner en práctica estas medidas y comprobando periódicamente, en su caso, su correcto funcionamiento. El citado personal deberá poseer la formación necesaria, ser suficiente en número y disponer del material adecuado, en función de las circunstancias antes señaladas”.

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales no exige a todos los empresarios la directa implantación de medidas de autoprotección; éstas sólo son obligatorias cuando previamente se haya descubierto la posibilidad de alguna situación de emergencia, así como cuando se realice una actividad actividad reglada cuya normativa lo exija específicamente.

En un centro de trabajo pueden ocurrir determinados sucesos que, de no actuar rápidamente para controlar su desarrollo, podrían causar graves daños a las personas y al patrimonio de la empresa (incendio, explosión, fuga de un agente tóxico, emisión de un agente biológico peligroso, desplome de la estructura, avalancha de público, inundación, etc. ) Todo ese protocolo de actuación, que va desde el intento de control de la situación hasta la evacuación inmediata y completa, está plasmado en el plan de emergencia que forma parte de un dossier documental más amplio denominado plan de autoprotección.

Qué es el plan de emergencia

El plan de emergencia aglutina el estudio de organización de los medios humanos y materiales disponibles en la empresa para prevenir riesgos, así como para garantizar la seguridad de las personas y bienes, mediante una evacuación e intervención rápida y segura. Su aplicación debe dirigirse a aquellos riesgos que supongan una potencial pérdida importante para las personas, empresa o colectividad. Desde un punto de vista práctico, el planteamiento habitual del plan se realiza para la situación de un riesgo de incendio y luego, basándose en la organización establecida, se aplican las medidas particulares para otros peligros hipotéticos que pudieran afectar a la actividad. Lejos de ser un documento burocrático, un plan de emergencia tiene como fin prioritario la salvaguardia de la integridad física de las personas que pudieran resultar afectadas, tanto las que se hallen en ese momento en su interior o en las proximidades, como las de servicios externos que deban intervenir en su control. Además, su fin secundario es reducir los daños materiales que se pudieran producir, tanto a la propia empresa, como a las limítrofes y al medio ambiente.

Actualmente muchos edificios están suficientemente protegidos por sistemas pasivos y activos de seguridad, pero son sus ocupantes los que deben saber cómo actuar en caso de urgencia; en un plan de emergencia puede radicar la diferencia entre salvar y no salvar vidas. Es imprescindible establecer planes de información, formación y modos de actuación para los trabajadores y realizar prácticas de simulacros, con el objetivo de inculcar cultura preventiva, control y eficacia en caso de emergencia. Existen comportamientos colectivos en estas situaciones que deben evitarse o reeducarse mediante una conducta aprendida o la presencia de un profesional de la seguridad o guía cualificado. Por ejemplo, en situaciones de emergencia en grandes superficies comerciales, la gente tiende a salir por donde ha entrado obviando las salidas de emergencia; es ahí donde entra en juego la persona experimentada en la materia para guiarlas y evitar una catástrofe.

Otro comportamiento común es la negación del peligro; un ejemplo muy claro es un incendio acontecido en una discoteca en la que hubo gente que pudo abandonar la sala cuando sonó la alarma y, creyendo que el peligro no era real, volvió a entrar para coger sus pertenencias y murió en el guardarropa. Con tan sólo haber situado a una persona formada en la puerta para impedir atascos en la salida e intentos de retorno se hubieran salvado muchas vidas.

Estos ejemplos recogen situaciones en instalaciones de ocupación principalmente por personas ajenas a ellas, pero pueden darse situaciones idénticas de pánico y desconocimiento entre el personal interno de una empresa. En esos precisos instantes, son imprescindibles las conductas automatizadas derivadas de una correcta implantación de un plan de emergencia.

Algunas investigaciones en psicología y psicosociología, que describen la conducta humana ante situaciones de emergencia, insisten en la habitual pérdida de normas sociales en estos casos, cuando el comportamiento deja de ser ordenado y predecible.

En previsión de las graves consecuencias que puede ocasionar una situación de emergencia, la administración general del Estado, las comunidades autónomas y la administración local tienen competencias para organizar sistemas de protección civil con el objetivo de evitar o limitar los efectos de estas contingencias. Sin embargo, la mayor eficiencia de estos sistemas en la lucha contra los riesgos catastróficos y otras situaciones de emergencia se logra cuando colaboran los individuos afectados, así como cuando los titulares de los establecimientos adoptan medidas preventivas para evitar la contingencia o, en caso de haberse producido, para protegerse contra sus efectos dañinos; en conclusión, la implantación de medidas de autoprotección.

La Dirección General de Protección Civil, a través de una OM del 29/11/84, estableció un Manual de Autoprotección para que sirviera a las empresas, entidades y organismos públicos y privados, de base y orientación en la elaboración y desarrollo de un plan de emergencia y evacuación en locales y edificios. Se trata, por tanto, de un documento guía cuya aplicación se estableció con carácter voluntario sin perjuicio del cumplimiento por los interesados de lo dispuesto en la normativa vigente.

Las entidades responsables de la redacción e implantación de un plan de emergencia pueden seguir un criterio diferente en su elaboración, siempre que garanticen niveles de seguridad equivalentes o superiores a los planteados por dicha guía y sean aprobados por la autoridad competente. El plan de autoprotección comprende los siguientes documentos:

  • .- Evaluación del riesgo, donde se describen y valoran las condiciones de riesgo propias de la actividad (alto, medio o bajo según CPI, la norma básica de la edificación) y la adecuación de las medidas de protección disponibles.

    Se debe incluir una relación de factores de riesgo, su análisis, una evaluación del riesgo de incendio de cada área y de las condiciones para la evacuación, así como los planos de situación y emplazamiento.

  • .- Medios de protección, con un inventario de todos los medios técnicos y humanos disponibles en cada momento en el edificio, y los planos por plantas.
  • .- El plan de emergencia establece los diferentes estados de emergencia, la constitución y funciones de los equipos de intervención (personal de la empresa entrenado para la actuación y prevención en accidentes) así como el procedimiento a seguir según los casos. Para ello, se debe responder a las preguntas qué, cuándo, cómo, dónde se hará y quién lo llevará a cabo.
  • .- Procedimientos a seguir para la divulgación del plan, el calendario de actividades de formación de los componentes de los equipos de intervención y el programa de simulacros y prácticas previsto.

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El plan de emergencia debe responder a las preguntas qué, cuándo, cómo, dónde se hará y quién lo llevará a cabo

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