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La ergonomía del color: influencia en el rendimiento y la salud del trabajador

Revista Gestión Práctica de Riesgos Laborales, Nº 30, Sección Artículos, 01 de Septiembre de 2006
Publicado hace 8 años
 
Dolores de Fez Saiz, Francisco Miguel Martínez Verdú, Departamento interuniversitario de Óptica, Universidad de Alicante
 

Etiquetas: Carga mental, Pantallas de visualización

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La percepción del color está directamente relacionada con la visión y, al igual que la iluminación, determina el rendimiento visual del trabajador. ¿Hasta qué punto influyen los factores de visibilidad en el proceso productivo? ¿Por qué es incompatible el daltonismo con determinadas profesiones? ¿Cuáles son los efectos psicológicos de la iluminación y el color en el entorno de trabajo?

El color es una sensación visual generada por el cerebro a partir de la luz que entra por los ojos y que se registra en las retinas. Por tanto, iluminación y color están intrínsecamente relacionados: un objeto no iluminado no se percibe coloreado, a menos que sea auto-luminoso. Como el color forma parte del conjunto de modelos de información visual que utiliza el ser humano para interpretar el mundo que le rodea y para desenvolverse en él de forma segura y cómoda, es indudable que, al igual que la iluminación, influye en el rendimiento y la salud laboral.

Un buen rendimiento visual en el trabajador repercute positivamente en sus resultados generales, como un valor añadido más a sus destrezas profesionales. Esto significa que es fundamental para un especialista en ergonomía conocer los límites de la visión humana con el objetivo de establecer los factores de visibilidad de las tareas a niveles supra-umbrales; la intención es que se puedan ejecutar cómodamente. Un ejemplo de esto, que se realiza diariamente, es configurar en el procesador de textos un tamaño de letra acorde con la distancia de visualización a la pantalla o ampliar la zona de texto, para reconocer confortablemente la tipografía y trabajar sin problemas de fatiga visual durante bastante tiempo.

De la misma manera, los límites de la visión cromática humana determinan el nivel visualmente confortable en el puesto de trabajo. Por eso, es crucial conocer en detalle cuáles de los factores ambientales en el entorno laboral -iluminación, contraste, distancia, etcétera- influyen en el rendimiento visual del trabajador. Hay que tener en cuenta, además, que la visión -como parte de uno de los cinco sistemas sensoriales-, puede acarrear cambios psicológicos positivos y negativos en el comportamiento de los trabajadores: si estos factores ambientales se regulan convenientemente, son capaces de aumentar el rendimiento general del proceso productivo; pero, mal gestionados pueden provocar indirectamente una disminución del rendimiento general de la tarea. Corresponde pues a ergonomistas, arquitectos, decoradores, psicólogos, médicos, ingenieros industriales... tener en cuenta estos aspectos visuales para generar entornos de trabajo agradables y diseñar tareas visualmente confortables, con el fin de aumentar el rendimiento visual del trabajador y, por ende, el rendimiento general del proceso productivo.

Antes de valorar la influencia de las capacidades visuales en el rendimiento laboral y los efectos psicológicos de la iluminación y el color en el trabajador, conviene dedicar un apartado a los problemas que pueden provocar en algunas profesiones los defectos visuales relacionados con el color, como el daltonismo (1) .

Influencia de los defectos visuales

La visión cromática humana se basa en el registro de la luz incidente en la retina mediante tres tipos de fotorreceptores retinianos o conos, llamados rojo (R o L), verde (G o M) y azul (B o S). Las señales roja, verde y azul, codificadas en cada parte de la imagen retiniana, se trasladan al cerebro donde se efectúan combinaciones y transformaciones neuronales hasta generar los tres códigos perceptuales del color: tono, claridad y colorido (Capilla, P.; Artigas, J. M.; y Pujol, J., 2002; Lillo, J., 2000).

Estos códigos son los que, con mayor o menor destreza, se utilizan para asignar un atributo de color a los objetos cotidianos. Así, por ejemplo, una variedad de manzana puede ser roja, y otra puede ser verde y más clara que la anterior, pero menos colorida. Del mismo modo, el color amarillo de la bandera española es más claro que el rojo, pero su diferencia de colorido no es tan dispar como las de tono (amarillo vs. rojo) y claridad (amarillo claro versus rojo oscuro).

En algunas profesiones resulta crucial tener una visión normal del color, porque en numerosas tareas se realizan juicios nominales y comparativos de colores para realizar controles (visuales) de calidad de los productos o pre-productos fabricados. Ejemplos típicos son: artes gráficas (diseño, impresión...), industrias de coloración (textiles, plásticos, pinturas...), decoración, profesiones como piloto o conductor, etcétera. Por tanto, un trabajador con un perfil deficiente claro en la percepción de los colores no puede rendir al cien por cien, ya que se equivocaría e incluso, en algunos casos, podría poner en riesgo la seguridad y la salud de sus compañeros y/o la de los clientes de la empresa. De hecho, en ningún país se concede la licencia para dirigir navíos, trenes, aviones y vehículos terrestres a las personas con defectos cromáticos (Comisión Internacional de la Iluminación, CIE 143:2001).

¿Cuál es el origen de este defecto cromático, popularmente conocido como daltonismo, y a cuántas personas afecta? Está demostrado científicamente que la visión defectuosa de los colores se debe a factores hereditarios, concretamente ligados al sexo: hay una incidencia más alta de casos en los hombres (8 por ciento) que en las mujeres (1 por ciento) de la raza caucasiana. Pero, curiosamente, son ellas las que habitualmente transportan el gen recesivo causante del defecto cromático. En otras razas, la incidencia de casos es mucho menor.

Las deficiencias en la percepción del color se clasifican principalmente en:

  • > Protan: indica la carencia del fotorreceptor retiniano rojo o su existencia, pero con un pico de sensibilidad desplazado del valor considerado normal.
  • > Deutan: el mismo proceso para el fotorreceptor verde.
  • > Tritan: inexistencia o desviación del fotorreceptor azul.

También se puede hablar de dicromacía, cuando solamente existen dos tipos de conos, y anomalía: desplazamiento espectral de la curva de sensibilidad del cono. Por otro lado, existe otra variedad de deficiencias cromáticas en la visión humana que pueden ser provocadas por patologías en el sistema visual. Son las denominadas deficiencias adquiridas de la visión del color, predominantemente de tipo tritan, con una incidencia estadística mínima, pero que un ergonomista visual debe conocer.

Ciertas normativas asociadas a determinadas profesiones regulan la obligatoriedad de efectuar controles de visión del color para sus pruebas de selección de personal. Estos tests para detectar el daltonismo se pueden encontrar en el mercado especializado de las Ciencias de la Visión (Capilla, Artigas y Pujol, 2002) y Medicina del Trabajo. Hay varios tipos, aunque el más conocido es el denominado test de Ishihara (Figura 1). No es el más completo, puesto que no logra detectar y clasificar el grado de las deficiencias tipo tritan, pero sí en cambio las de tipo protan y deutan, que son justamente las más habituales.

FIGURA 1. Dos ejemplos de láminas del libro o test de Ishihara*

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* Ishihara's test for colour deficiency, Kanehara Trading Inc., Tokyo, Japan.

Otro mucho más completo y versátil, que requiere también poco entrenamiento y tiempo de realización, es el test de Farnsworth Munsell 100 (Figura 2), capaz de detectar y clasificar los tres tipos de deficiencias cromáticas. No obstante, en determinados gremios profesionales, tanto en el ámbito nacional, como mundial, se utilizan obligatoriamente otros tipos de tests de detección y clasificación de deficiencias cromáticas basados en luces (linternas, anomaloscopios, etcétera) u otro tipo de objetos asociados a estas profesiones, por ejemplo, un juego de madejas de lanas coloreadas.

FIGURA 2. Formato de presentación del test Farnsworth Munsell de 100 tonos*

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* Farnsworth-Munsell 100 Hue Test, Munsell Color, Macbeth, una división de Kollmorgen Coorp.

Estas deficiencias visuales no tienen cura y, si bien las de origen genético no degeneran la vista, las denominadas adquiridas pueden acarrear la pérdida total de la visión. Aunque usando un tipo específico de gafas coloreadas se pueden superar como observador normal las pruebas de daltonismo -pero en contra de la ley-, ninguno de estos elementos ópticos son recomendados en la práctica laboral.

La razón es que logran mejorar algunos niveles de discriminación cromática para un grupo determinado de combinaciones de colores, sin embargo en otros casos puede pasar lo contrario, es decir, lo que antes se discriminaba bien sin gafas coloreadas, ahora se puede confundir. Con lo cual, el uso de tales elementos ópticos coloreados está prohibido en el ámbito laboral, salvo que sean necesarios como elementos de protección ocular frente a fuentes de radiación óptica (UV, VIS e IR) potencialmente peligrosas.

En consecuencia, en determinadas profesiones es importante regular el acceso de trabajadores con deficiencias cromáticas, ya que podrían ejecutar mal algún tipo de tareas que requieran comparaciones o clasificaciones de colores, o incluso más grave, poner en peligro la salud de sus compañeros de trabajo y/o la de los clientes de la empresa. Por tanto, a pesar de la poca incidencia estadística en la población de estas deficiencias visuales, este tema no debe nunca tomarse a la ligera.

En este sentido, algunos países pioneros en Ergonomía y Medicina del Trabajo (como Gran Bretaña o Estados Unidos) han elaborado una serie de listas de profesiones (North, R.V., 1996) que específican en cuáles no es importante para el rendimiento y la salud laboral la presencia activa de trabajadores con estas deficiencias cromáticas y aquéllas como pilotos profesionales o industrias de artes gráficas, coloración... donde es imperativo un estado de visión cromática normal. En este último caso es habitual también indicar qué tipo de test de detección/clasificación es más adecuado para la selección de personal o para la vigilancia de la salud de los trabajadores.

Estas pruebas de detección y clasificación son también importantes a la hora de que una empresa pueda conseguir un certificado de calidad ISO. A modo de ejemplo, recientemente una firma alicantina de suministro de formulaciones de color para plásticos inició los trámites para obtener este certificado. Para ello, debía efectuar a 11 de sus trabajadores, los que habitualmente están en los laboratorios de ensayo y calidad, una prueba de detección y clasificación de deficiencias cromáticas. Si bien la directriz ISO para conseguir el certificado de calidad no impone ninguna prueba visual de esta naturaleza, sí que recomienda hacerla, sin especificar qué tipo de test de color debe usarse. En este caso, la compañía alicantina se decantó por el test de Farnsworth Munsell 100 en detrimento del test de Ishihara, con el fin de evitar que algún caso de deficiencia cromática se pudiera escapar de la prueba.

El rendimiento visual

La visión es uno de los principales sistemas sensoriales para desenvolverse en el medio físico que le rodea y, por tanto, la mayoría de las tareas que se llevan a cabo son parcial o completamente controladas visualmente. En consecuencia, aunque el rendimiento general de un trabajador está bastante correlacionado con sus habilidades, una parte se debe a un supuesto estado de visión normal. La destreza para realizar la mayor parte de las tareas visuales depende de muchas variables, tanto visuales, como no visuales. Es evidente que un buen nivel de rendimiento visual mejorará siempre el rendimiento de la tarea y, por ende, del proceso productivo. Ahora bien, ¿qué es y cómo se puede medir el rendimiento visual?

Son varios los factores que pueden influir en el rendimiento visual: la capacidad visual del individuo, la visibilidad de la tarea y los factores psicosociológicos, como la motivación, la inteligencia, el estrés, etcétera. Desde el punto de vista de la ergonomía visual, hay que tener en cuenta: el estado de visión del trabajador y la visibilidad de la tarea. En principio, un buen ergonomista no concibe el diseño seguro y cómodo de un entorno de trabajo sin la coordinación de estos dos agentes, de tal forma que, siempre que se pueda, se debe acondicionar el lugar de trabajo y consecuentemente los factores de visibilidad de la tarea a un nivel confortable de visión normal.

En efecto, una tarea visual que fuerza al sistema visual a funcionar a los límites de sus posibilidades puede causar estrés general, fatiga ocular y disminución del rendimiento, con lo que se aumenta la probabilidad de cometer errores o accidentes de trabajo. Por tanto, las tareas visuales deben ser ajustadas a niveles supra-umbrales de visión (CIE 145:2002; North, R.V., 1996). Pero, ¿cómo se ajustan estos niveles de confort visual y qué variables asociadas al entorno y la tarea están implicadas?

Acondicionamiento visual del puesto de trabajo

Cuando se realiza una tarea visual, el sistema visual humano trabaja para informar de si se ve algo o no, qué es lo que se ve (qué forma y color tiene, etcétera), y si se distingue respecto a otros objetos percibidos en la escena. Dejando al margen los aspectos climáticos de acondicionamiento de trabajo, como la temperatura, la humedad, etcétera, el principal factor ambiental que condiciona intrínsecamente el acto de la visión es la presencia de luz en el entorno o la escena.

Para ver es imprescindible que haya luz en el entorno. Ahora bien, no vale cualquier nivel de iluminación ni cualquier tipo de color de la iluminación para ejecutar confortablemente, o a un nivel productivamente alto, cualquier tipo de tarea. El objetivo principal de un diseño de iluminación, ya sea de interiores o exteriores, es proporcionar el nivel adecuado para ejecutar segura y confortablemente una tarea, en el caso de que no sea posible usar directamente la luz solar. Pero este nivel también está condicionado por otros factores de la tarea -tamaño, distancia, contraste, color, movimiento, etcétera- que, a su vez, están íntimamente relacionados con las habilidades visuales.

En determinadas actividades profesionales (Tabla 1) se recomienda un tipo de apariencia cromática para la iluminación, que puede tener dos efectos beneficiosos: mejora de la sensación psicológica de confort en el entorno y optimización de las capacidades de discriminación de colores. Es lo que los ingenieros de iluminación y color denominan apariencia cálida, neutra o fría de la iluminación. El parámetro numérico que sirve para cuantificarlo se denomina temperatura de color y resume la percepción cromática aislada de la iluminación.

TABLA 1. Rendimiento de color de las lámparas, según entornos de trabajo

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Así, un valor de temperatura de color comprendido entre 4500 y 5500 K (grados Kelvin) se percibe como neutro: la iluminación ni parece amarillenta ni azulada. En cambio, un valor de temperatura de color inferior a 4500 K, y progresivamente más bajo, sirve para indicar que la iluminación tiende a ser más amarillenta y rojiza, lo cual genera, indirectamente, una sensación psicológica de calidez, de aumento (no real) de la temperatura ambiental. Por último, un valor de temperatura de color superior a 5500 K, y progresivamente más alto, indica que la iluminación tiende a ser más azulada, con lo que la sensación psicológica ambiental es de enfriamiento, o de reducción (no real) de la temperatura ambiental.

De este modo, por ejemplo, la luz diurna pasa por varias fases de temperatura de color o apariencia cromática, pero en general se considera que es de apariencia fría, sobre 6500 K, aunque el nivel de iluminación sea muy alto (por ejemplo, 5000 lux sobre el asfalto en un día soleado de verano). En consecuencia, cuando es necesario utilizar grandes capacidades visuales para diferenciar pequeños matices de color, por ejemplo en las industrias de coloración (textil, impresión, plásticos, pinturas, etcétera), se usa siempre una iluminación artificial que sea buena simuladora de la luz diurna media. En otras actividades, cuando no es necesario alumbrar simulando la luz solar, se pueden utilizar otras lámparas para generar entornos psicológicamente cálidos.

Todos estos aspectos de la iluminación y el color son de gran importancia, por ejemplo, para arquitectos y decoradores. Existe un parámetro de calidad colorimétrica para las lámparas, denominado rendimiento en color Ra (CIE 13.3:1995; Boyce, P. R, 2003), que sirve para denotar el grado de eficiencia en la simulación del nivel óptimo de apariencia de los colores en la escena iluminada. En una escala cualitativa de 0 a 100, el valor máximo identificaría a la lámpara que consigue las mejores condiciones cromáticas para la percepción de los colores respecto un iluminante de referencia. Este parámetro se usa para distinguir niveles de calidad cromática entre las lámparas del mercado, lo que a su vez se tiene en cuenta para el diseño luminoso de ambientes de trabajo (Tabla 1).

Para alumbrar las calles, por ejemplo, se colocan habitualmente farolas que generan una iluminación anaranjada, que no es práctica para percibir de forma natural los colores. El valor de rendimiento de color de las farolas convencionales no supera, generalmente, el valor 60, o sea que nunca alcanzan el nivel de calidad 2 de la tabla 1. Sin embargo, como estas lámparas ahorran consumo eléctrico, los ayuntamientos priorizan la reducción de costes en detrimento de una percepción más natural de los colores de calles y edificios. En la mayoría de las situaciones, esto quizás no influya en el rendimiento visual de los viandantes, pero sí que podría influir negativamente en el de los trabajadores nocturnos (policías, servicios de limpieza, vigilantes de seguridad, etcétera).

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es el nivel absoluto de iluminación de la escena, en combinación con la apariencia cromática de la fuente de luz. Está bien establecido, a partir del estudio inicial de Kruithof (1941), que los seres humanos pueden considerar como psicológicamente agradables entornos iluminados con lámparas cálidas y frías, pero que la elección de la cromaticidad de la lámpara debe coordinarse con un rango óptimo de nivel de iluminación. Así, el rango recomendado de nivel de iluminación para las farolas (2000 K aprox.) no debe sobrepasar los 25 lx, ya que si se supera ese nivel de iluminación la sensación de calidez pasaría de ser confortable a calurosa o incómoda.

Del mismo modo, en aquellas actividades profesionales en las que sea necesario una buena discriminación o igualación de colores (Tabla 1), es recomendable una apariencia fría de la luz y, si puede ser, buena simuladora de la luz diurna (6500 K aprox.). Pero esto debe implicar, a su vez, que el rango confortable de nivel de iluminación debe ser superior a 500 lx, con un rango óptimo entre 1000 y 2000 lx. Si el nivel de iluminación fuera muy bajo para esta apariencia fría de la iluminación, la sensación psicológica de frío se agudizaría y dejaría de ser percibida como confortable. Por eso, para sentirse cómodo en un ambiente luminoso frío es necesario aumentar el nivel de iluminación. Pero, en contraste, no es adecuado elevarlo excesivamente en ambientes luminosos cálidos.

Al igual que se usan los términos cálido y frío para la apariencia psicológica y cromática de la iluminación, se pueden extender para denominar el color de objetos, ya sean opacos, translúcidos o transparentes. Así, las relaciones internas de asociación de colores -técnicamente denominadas armonía de colores- son utilizadas en arquitectura, diseño o decoración, para crear combinaciones de colores visualmente confortables y nada estridentes, o que puedan generar reacciones psicológicas adversas, o alterar negativamente el comportamiento de una persona.

Aunque, por antonomasia, los colores rojos, amarillos y sus combinaciones se consideran cálidos, bien combinados pueden generar sensaciones positivas, y mal combinados pueden provocar efectos psicológicos negativos. Lo mismo ocurre con los tradicionales colores fríos: verde, azul y sus combinaciones.

Factores de visibilidad

Las tareas básicas del sistema visual como generador de información para interpretar el mundo son la detección (¿hay o no un objeto en la escena?), el reconocimiento (¿qué es, qué forma y color tiene?) y la discriminación (¿puedo distinguirlo respecto a otros objetos percibidos en la escena?). Por tanto, las tareas se deben ajustar, desde un punto de vista visual, a niveles supra-umbrales, para que puedan ejecutarse de forma confortable y evitar así fatiga visual, estrés, mayor probabilidad de errores/accidentes, disminución del rendimiento general, etcétera. Eso implica conocer cuáles son los límites de la visión humana en detección, reconocimiento y discriminación.

Determinadas actividades profesionales tienen exigencias visuales (de detección, reconocimiento y discriminación) diferentes, con lo que un buen ergonomista visual debe ser capaz de analizar bien la tarea y los requerimientos visuales mínimos necesarios para realizarla de forma segura y cómoda. Sin embargo, estos límites de la visión dependen también de la edad, ya que suelen ser cualitativamente peores con el aumento de los años. Por eso, nunca debe descuidarse en los sistemas de vigilancia de la salud visual de los trabajadores, sobre todo cuando ocupan el mismo puesto y realizan actividades similares durante varios años, incluso décadas.

El ejemplo más típico es el de la presbicia, o vista cansada, que suele aparecer a los 40 años en las personas que nunca habían llevado gafas y que a partir de esa edad deben renovar periódicamente sus gafas de lectura (y a veces de visualización de pantallas). Lo mismo ocurre con la agudeza visual o capacidad para reconocer objetos pequeños a diferentes distancias, puesto que disminuye lenta pero progresivamente a partir de los 20 años. En cambio, en la percepción del color no se produce una disminución significativa de las capacidades de discriminación de colores con la edad, ni tan siquiera en las personas daltónicas, excepto aquéllas afectadas por una deficiencia cromática adquirida.

Conviene, según las capacidades visuales generales (detección, reconocimiento y discriminación), identificar qué factores externos o ambientales facilitan la ejecución de la tarea, independientemente de la edad del trabajador y de su estado de visión (CIE 95:1992; CIE 145:2002). Además de la iluminación, son importantes la distancia, el tamaño del objeto, el contraste (luminotécnico y de color) del objeto respecto el fondo de la escena, el color, el tiempo disponible para ver y realizar la tarea, el movimiento del objeto y, por supuesto, las condiciones atmosféricas, por ejemplo al conducir un coche, una gran tormenta dificulta la visibilidad de la vía.

Todos estos factores condicionan el nivel de visibilidad (V) de la tarea. En consecuencia, si la visibilidad aumenta, partiendo de un valor mínimo de 1, más confortablemente se realizará visualmente la tarea. Desafortunadamente, no existe una fórmula empírica o ecuación general que relacione simultáneamente todos estos parámetros de visibilidad. Por tanto, es costumbre en ergonomía de la visión analizar la visibilidad de una tarea dejando una variable libre y fijando el resto, para ver si va a influir bastante o no.

Por ejemplo, la presencia de un nivel alto de iluminación ambiental en una presentación digital en clase o en una reunión de trabajo disminuye muchísimo el contraste de la escena (pantalla), lo cual resta gran visibilidad, a pesar de haber fijado un tamaño grande de letra. Lo mismo ocurre al visualizar el menú de la pantalla de un teléfono móvil a plena luz del día: hay que situarse en un lugar sombreado o colocar una sombra artificial para ver confortablemente la pantalla, a pesar de que tendrá un buen diseño de colores contrastable, un tamaño suficiente de tipografías, etcétera. En consecuencia, si la visibilidad V aumenta, crece el confort visual, es decir, el rendimiento visual R (visual performance VP, en inglés) asociado a la tarea. Pero, ¿cómo se puede definir y medir el rendimiento visual?

Aunque depende de la tarea y de la función visual básica implicada, es habitual asociar el rendimiento visual con dos variables básicas: velocidad de ejecución y exactitud, es decir, cuenta favorablemente en el rendimiento visual que la tarea se realice sin errores y en el menor tiempo posible. Pero, ¿cómo afectan los factores de visibilidad (tamaño, distancia, contraste, iluminación, etcétera) en el rendimiento visual? El británico Weston, en 1945, creó una experiencia básica que ha servido para diseñar experimentos de rendimiento visual según el tipo de tarea y, en particular, sus resultados se han usado para delimitar los niveles de iluminación recomendados en función de la exigencia visual de la tarea (Tabla 2).

TABLA 2. Ejemplos de actividades e interiores adecuados para cada iluminación

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La conclusión general del experimento clásico de Weston (North, R. V., 1996; Lillo, J., 2000; Boyce, P. R., 2003) es que es más efectivo para el rendimiento visual R que aumenten los tamaños de los objetos y su contraste (luminotécnico o de color), en vez de incrementar solamente la iluminación. Sin embargo, en la mayoría de tareas no siempre es factible agrandar el tamaño del objeto de interés, o seleccionar colores más distinguibles, con lo cual no queda más remedio que subir, de forma controlada, el nivel de iluminación.

Una máxima que siempre funciona en estos casos es: cuanto mayor sea la dificultad visual de la tarea, mayor será el efecto beneficioso de la iluminación. Por ejemplo, en una actividad laboral centrada en la selección visual de objetos de diferente calidad sobre una cinta transportadora -el movimiento en una escena es un inconveniente, cuanto más rápido peor visibilidad- supuestamente bien discriminada en color respecto los objetos que circulan por ella, mayor beneficio aportará un aumento calculado de la iluminación si los objetos a clasificar visualmente son de tamaño pequeño, o se ven a una distancia intermedia o lejana y tienen que manipularse con dispositivos mecánicos complementarios.

Como conclusión, las actividades laborales deben ejecutarse confortablemente a nivel visual y eso implica una coordinación entre la capacidad visual del individuo, que disminuye con la edad, y los factores de visibilidad (iluminación, color, contraste, tamaño, distancia, etcétera) de la tarea. Es competencia, reglada o no, de los ergonomistas establecer los adecuados criterios de vigilancia de la salud de los trabajadores y de selección de personal, según estos principios:

  • > No puede exigírsele el mismo rendimiento visual y, por tanto, general, a un trabajador de 50 años que a uno de 30 en la ejecución de la misma tarea, aunque el trabajador más veterano solvente parcialmente su desventaja de edad con mayor experiencia y/o destreza.
  • > El diseño de un estándar visual laboral o los requerimientos visuales mínimos para acceder a una profesión como una prueba más de la selección de personal debe elaborarse cuidadosamente. Hay que tener en cuenta los factores de visibilidad que están implicados realmente en las tareas de la profesión, y las exigencias visuales mínimas en concordancia con el rango de edades posibles para este puesto de trabajo.
  • > Si existen diferentes tareas visuales asociadas al puesto profesional, cada una de ellas debe analizarse ergonómicamente por separado y establecer, si fuera necesario, estándares visuales laborales diferentes.

El conjunto de todos ellos compondría el macro-estándar visual laboral de la profesión con el siguiente condicionante de exclusión: en el caso de una redistribución de la plantilla, si un candidato o trabajador no alcanza uno de los sub-estándares visuales laborales -según marca el protocolo de vigilancia de la salud-, no superaría la prueba general. Ahora bien, es competencia del empresario, y así está regulado oficialmente, que debe realizar los cambios oportunos para adecuar el entorno de trabajo a los niveles visuales confortables, así como vigilar por la salud visual de sus empleados. Al final, si el rendimiento visual de sus trabajadores no es óptimo, el rendimiento general del proceso productivo se verá afectado negativamente, con lo cual los beneficios para la empresa serían menores.

Efectos psicológicos de la iluminación y el color

Está demostrado que el color provoca reacciones psíquicas y emocionales (CIE 139:2001; CIE 158:2004), por lo que la decoración del entorno es importante. Es interesante estudiar esos efectos en función de las diferentes categorías de colores. Existen colores básicos: azul, rojo, verde, púrpura, amarillo, naranja y colores acromáticos (blanco, grises, negro). Según se combinen los colores del entorno se consiguen efectos diferentes.

Para estudiar la armonía de dichas combinaciones, conviene ordenar los colores en una rueda de colores, como muestra la figura 4. Los colores adyacentes son vecinos, uno al lado de otro. Los colores complementarios están separados por otro color (tono). Y los colores opuestos están uno enfrente del otro. En la tabla 3 se listan cuatro categorías básicas de colores, indicando algunos de los efectos que producen en las personas.

FIGURA 4. Rueda de colores para localizar los colores adyacentes, complementarios y opuestos

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TABLA 3. Efectos de algunos colores según categorías

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* Inducción: el color test se desvía hacia el tono oponente del fondo. Asimilación: el color test se desvía hacia el tono adyacente del fondo.

Hay que tener en cuenta estos efectos cuando se diseña el interior de cualquier espacio. El objetivo es emular los colores de la naturaleza, lo que resulta familiar e identificable: colores tierra para el suelo, colores de follaje para las paredes y colores de la atmósfera para los techos. La regla básica es que los colores más claros se distribuyan por encima del observador y que los más oscuros lo hagan por debajo. Además, otra pauta es que los colores chillones son más atrevidos (para seguidores de la moda), los colores grisáceos o pasteles son para los más reservados y los colores intensos y claros son más adecuados para los niños. Las cualidades de los colores se resumen en la tabla 4.

TABLA 4. Cualidades positivas y negativas de algunos colores básicos

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La ergonomía en la decoración del espacio juega un papel muy importante, ya que la forma en que se utilice el color en las paredes, el techo y el suelo puede alterar dramáticamente la apariencia de las proporciones del entorno, así como su efecto sobre las personas. Es posible modificar el largo, ancho y alto de una habitación con el simple uso del color. Los colores fríos tienden a alejar, empujan hacia atrás las paredes y hacen sentir más espacioso un ambiente. Los colores luminosos también logran este efecto. Por el contrario, las paredes pintadas con colores cálidos u oscuros parecen estar más cerca. Las grandes habitaciones con cielos rasos muy altos pueden resultar poco confortables, por eso si se pintan las paredes y el cielo raso con colores cálidos tranquilos, se logrará un ambiente más acogedor. La tabla 5 propone soluciones a situaciones típicas:

TABLA 5. Soluciones para algunos efectos típicos en diferentes entornos

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La Comisión Internacional de la Iluminación (CIE) ha publicado algunos informes sobre los efectos de la iluminación que llega al ojo en la psicología y el comportamiento humano (CIE 158:2004). Los puntos principales son los siguientes:

  • > Ritmos circadianos de comportamiento: la distribución de diferentes temperaturas a lo largo del día influye en el ritmo de funcionamiento del organismo, que es menor por la mañana temprano y con picos en la tarde. El estado de humor también se ve afectado por este ritmo, el ímpetu tiende a declinar conforme pasa el día mientras que el cansancio o la tristeza aumentan.
  • > Efectos de la exposición a la luz según el momento del día: el reloj biológico es sensible sólo a puntos específicos en el ciclo diario.
    • Al despertar, la activación física y mental responde a la estimulación externa y la exposición a una iluminación brillante por la noche también tiene efectos fisiológicos y de comportamiento. Todo esto se debe a que cuanto mayor es la iluminación más aumenta el nivel de actividad.
    • Ritmo de funcionamiento. Algunas teorías indican que cada comportamiento lleva asociada una función de actividad con forma de U invertida, de manera que para una situación particular hay un pico de actividad. Además, si cuanto mayor es la iluminación, aumenta el nivel de acción, también mejora el funcionamiento. Pero influyen otros aspectos como el tipo o la duración de la tarea a realizar y los resultados son difíciles de predecir. Las personas se adaptan a nuevos niveles de iluminación y pueden funcionar bien en un amplio rango de condiciones.
    • Humor y confort. Los individuos pasan más del 50 por ciento de las 24 horas del día bajo niveles medios de iluminación (0.1-100 lx) y un 4 por ciento bajo niveles altos (más de 1000 lx). Algunos estudios indican que las personas muestran mejor humor si la iluminación es de 2000 lx que si es de 300 lx, que en los meses de verano mejora la vitalidad y el humor, y que también aumentan al participar en actividades deportivas bajo luz brillante.
  • > Efectos de la exposición a la luz por la noche: niveles altos de iluminación en sesiones de trabajo nocturnas mejoran el funcionamiento, pero no hay estudios que relacionen tareas y niveles de iluminación específicos. En cuanto al estado de humor, la luz brillante no parece tener el mismo efecto que durante el día.
  • > Efectos en los cambios de fases circadianas:
    • Jet lag: resulta de un transporte rápido a través de varias zonas horarias. Mientras se reajusta el reloj biológico a la nueva zona geofísica, muchas personas padecen insomnio, desórdenes gastro-intestinales, irritabilidad, depresión y confusión. Dependiendo de la dirección (este-oeste) del viaje y del número de zonas horarias atravesadas, el organismo puede necesitar entre 3 y 12 días para reajustarse. Algunos estudios demuestran que la adecuada exposición a luz brillante puede prevenir o disminuir estos efectos al ajustar el ritmo circadiano a la nueva zona horaria. Este ajuste debe ser en el sentido de avanzarlo (vuelo en dirección este) mediante exposiciones luminosas durante la mañana, o de retrasarlo (caso contrario) mediante exposiciones al final de la tarde.
    • Trabajos por turnos: situaciones en que se cambian radicalmente las horas de sueño y de trabajo. Al igual que en el caso anterior, la exposición adecuada a una iluminación brillante junto a la evitación también adecuada de luz puede minimizar los síntomas.

Otro informe de la CIE (CIE 139:2001) se centra en los efectos de la luz natural y la artificial en variaciones estacionales y diurnas en las personas. Los efectos estudiados comprenden las variaciones fisiológicas y psicológicas entre el día y la noche, durante el ciclo menstrual y a lo largo de las diferentes estaciones del año. Los temas estudiados son: ritmos biológicos, desfase de horario, variaciones estacionales de las hormonas, síndrome de depresión estacional, terapia luminosa, otros tipos de variaciones estacionales, síndrome premenstrual, entorno sin luz natural, características de la iluminación, diferencias entre individuos y grupos.

Efectos terapéuticos

Dada la influencia de la luz en el comportamiento, cabe pensar que dicha influencia puede ser aprovechada desde el punto de vista terapéutico, con el fin de evitar o paliar en lo posible algunos síntomas.

  • > Desórdenes de humor estacionales. Depresiones estacionales (primavera y otoño) que llevan asociado un descenso de la energía física, menor actividad del sistema inmunológico, necesidad de sueño, aumento del apetito etcétera. En las latitudes más al norte es mayor el grado de incidencia. El 65 por ciento de los pacientes tratados con terapia de luz han vuelto a valores normales, utilizando exposiciones de 10000 lx durante 30-45 minutos a primeras horas de la mañana. La luz blanca y la de espectro ancho verde producen efectos similares y mejores que otras cromaticidades, al menos en este tipo de desórdenes.
  • > Otros desórdenes (alimenticios, menstruales, etcétera). Existen otros casos que no están tan bien estudiados como el anterior, pero aquellos síntomas similares a las depresiones estacionales son tratados de la misma forma.
  • > Desórdenes del sueño. Retrasos en el ciclo de sueño pueden ser tratados con exposiciones a luz brillante por la mañana. Los adelantos del ciclo son más raros, pero pueden tratarse con exposiciones por la noche. El insomnio suele aumentar con la edad y casi siempre corresponde a un adelanto del ciclo de sueño, que puede tratarse como se ha comentado anteriormente.
  • > Ritmos circadianos. Influyen en muchos sistemas, como la función gastrointestinal o el sistema inmunológico. La combinación de los efectos de la luz y el estado de la persona puede influenciar el efecto de tratamientos y medicación. Es lo que se conoce como chronoterapia o chronofarmacología. Por ejemplo, se han utilizado exposiciones durante la noche para el cáncer o durante el día para la hipertensión. Pocos estudios documentan estos efectos, pero es un campo en avance.
  • > Desórdenes neurológicos, como el Alzheimer. Los pacientes con desórdenes neurológicos presentan también alteraciones de sus ritmos circadianos debido a que permanecen durante poco tiempo expuestos a iluminaciones brillantes. Un tratamiento adecuado aumentando la iluminación durante las horas del día puede producir mejoras en sus síntomas.

En los últimos años se han desarrollado algunas técnicas, como la Fototerapia, que estudia las propiedades terapéuticas de los fotones y su aplicación en beneficio de la salud humana. Aunque se pueden encontrar resultados favorables para algunas sintomatologías, su escaso rigor científico hace dudar de sus aplicaciones y resultados.

BIBLIOGRAFÍA

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  • > Capilla, P.; Artigas, J. M.; y Pujol, J.; Fundamentos de colorimetría. Valencia: Universidad de Valencia, 2002.
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  • > The correlation of models for vision and visual performance, Technical Report CIE 145 - 2002.
  • > Contrast and Visibility, Technical Report CIE 95 - 1992.
(1)

Daltonismo: nombre común de estos defectos visuales cuyo origen se encuentra en que el famoso químico Dalton, del siglo XVIII, era deficiente para los colores (probablemente era deuteranope).

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